Cuando vi el amanecer en Tongariki

#RELATOPERSONAL

Cuando vi el amanecer en Tongariki

Este mi relato. Es una experiencia que sin duda la recordaré por siempre y sobre todo por lo que ocurrió la noche anterior. Te contaré lo que me pasó.

Junto a los amigos que hicimos en el hostal, salimos en la noche a ver grupos de baile pascuense, era un acto a beneficio porque reunían fondos para irse a una presentación en el extranjero, así que la entrada estaba barata, generalmente las muestras de baile cuestan 15 mil pesos (U$25) y ésta costaba 5 mil (U$9), así que era una gran oportunidad.Llegamos pasado la medianoche al local y disfrutamos del baile y de la música pascuense. La muestra era en una discoteque de la Isla, una que está cerca del aeropuerto. Cuando las presentaciones terminaron (que por cierto, tremendamente emotivas, una sensualidad de las chicas y una masculinidad de los chicos, nunca antes vista por mis ojos) empezó el Dj a encender la noche, bailé, reí y disfruté como siempre. De todo el grupo que andábamos, éramos 7 y me quedé con Sol y Néstor hasta el final, los 3 bailamos hasta no decir basta jajaja me acuerdo y me da risa, por supuesto compartimos y conocimos gente. Cuando ya vi la hora, serían cera de las 4:30 am y ¡teníamos que levantarnos a las 6:00! Lo pasé tan bien esa noche que no quería irme, pero también quería ver al amanecer, ¡estaba en un dilema! Me sentía como cuando era niño y tenía que pedir solo 1 regalo importante al Viejo Pascuero ¡que terrible! ¿No? jajaja

“Me voy” – dije decidido y me despedí de los valientes que siguieron en la disco. Caminé solo, considero tengo la mezcla de calle y mundo para saber cuándo hacerlo y cuando no, y en esta ocasión, si podías caminar sólo tranquilamente además el hostal quedaba a 15 minutos caminando.

Me acosté y de pronto me despiertan: ¡vamos por el amanecer! ¡Despierta Pablo!

Yo soy de sueño pesado, imagina, había dormido 1 hora entonces no podía abrir mis ojos, sentía 5 sacos de cemento encima mío ¡Despierta Pablo! Escuchaba bien de lejos los susurros de la amiga argentina ¡levantáte, levantáte! Mientras me tocaba con sus uñas en mi brazo.

Ni pensar en auto-retarme, o en quejarse, si sabía lo que había hecho, fue una decisión consciente, entonces había que solo aperrar. Me levanté, con una fuerza interior que salió de no sé qué parte. Ni pensar en la ducha, me puse la ropa, me arreglé lo más rápido que pude, un café cargadísimo y nos fuimos todos. Estábamos alojando cerca del centro, en Hanga Roa y para ver el amanecer había que trasladarse hasta Tongariki.

Ahu Tonkariki, es el lugar donde están los 15 moais de espaldas al pacífico, son de distintos tamaños, y todos diferentes entre sí, es una de las postales emblemáticas de la isla y este es el lugar para contemplar el amanecer.

Iniciamos el recorrido y en menos de media hora habíamos llegado. Estaba de noche y corría un viento fresco y yo fui con pura camisa, tenía más frió que la cresta, no atiné a llevar chaqueta o un pañuelo por último.

amanecer 2 viaja pablo

De fondo la luna y el inicio del amanecer

Vimos las estrellas, conversamos, disfrutamos de los colores de la noche. Vi estrellas fugaces y vi la luna como se iluminaba por el sol que venía en camino del otro lado del mundo, tan romántica la luna, que conmovía hasta el más duro de corazón. Los colores del cielo comenzaron a cambiar y vi como el negro de la noche se fue desvaneciendo lentamente.

Llegó el guarda parque y abrió el acceso al lugar, yo andaba buscando abrigo como un perrito huérfano porque el viento me tenía tiritón. Igual yo soy friolento. Entramos ya pasado las 7:00 am. Y nos instalamos en el pasto, había decenas de turistas y viajeros que compartían la oscuridad con nosotros. Me encanta la diversidad y lo vi ese día, todos somos diferentes y cada uno de lo que estábamos en ese lugar, disfrutaba la salida del sol a su manera y eso me encantaba.

amanecer viaja pablo

Los colores del amanecer

Expectantes vimos como el sol hacía su entrada, sentí los primeros destellos, la luz de la mañana iluminaba de una forma única. Afortunados porque estaba lo suficientemente despejado para ver la salida del sol.

Ya cuando el sol se elevó y amaneció por completo, seguimos con el recorrido por Rano Raraku y a mediodía ya estábamos de vuelta en el hostal. Me acosté urgente por una siesta reponedora antes que me diera un soponcio. Cuando desperté, sentí que era un nuevo día. Me levanté contento con los recuerdos de la noche anterior y los recuerdos del amanecer. Ahí me fui a duchar y luego me fui de trekking.

¡Gracias por leer esta entrada! Un abrazo,

Pablo

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